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martes, 19 de abril de 2016

Celia. Reencuentro con una amiga muy querida.

Esta mañana ha llamado el cartero a mi telefonillo para anunciarme que subía un paquete a mi nombre.

Yo no había encargado nada y lo he abierto con curiosidad. Era evidente que se trataba de un libro pero al verlo me he sorprendido. Está claro que mis hijos me conocen muy bien y en este caso Ana ha tocado con su regalo una de mis fibras más sensibles.

Cuando al comenzar alguno de los cursos de literatura o talleres de lectura a los que he asistido durante muchos años, el profesor preguntaba a los alumnos ¿Cuándo te aficionaste a la lectura? ¿Cuáles fueron tus primeros libros? ¿Qué autor te marcó de alguna manera?.... yo contestaba que mis primeros libros fueron las aventuras de Celia y el autor que me marcó fue Elena Fortún.

Los primeros libros de las aventuras de Celia cuando yo empecé a leerlos, a finales de los años 40 del siglo pasado, ya llevaban más de una década editados. Llegaron a mis manos gracias a una amiga de mi familia que trabajaba en la Biblioteca Nacional y pensó que me iban a gustar tanto como a sus sobrinas. 

De niña leí todos los que se fueron publicando. Ya casada y con hijos compré  una edición facsimil que volvió a sacar la Editorial Aguilar con todos los títulos publicados.  

En cuanto a la autora, Elena Fortún, era para mi la narradora más maravillosa. Celia hablaba con sus lectores, te atrapaba haciéndote formar parte de sus aventuras y desventuras.

(Monumento a Elena Fortún en el Parque del Oeste de Madrid)
He procurado saber más cosas de ella. Su nombre real era Encarnación Aragoneses, era madrileña, se casó con un militar (Eusebio Gorbea) bastante mayor que ella y también escritor. De una de las novelas de su esposo "Los cien días de Elena Fortún" tomó ella el seudónimo con el que se haría reconocer como una gran escritora.

En los libros en los que Celia se va haciendo mayor y, según apuntan los expertos en la obra de Elena Fortún, hay más material autobiográfico.

Al acabar la guerra civil española, Eusebio Gorbea, militar republicano, y su esposa se exilian a Argentina y "Celia institutriz en América", posiblemente recoge algunas experiencias personales de la autora. Enviado el original desde el exilio, al principio no se editó en la misma colección de todos los anteriores , sino en Crisol, de la misma Ed. Aguilar. Quizá también porque entonces la censura no lo consideró una lectura apropiada para los más jóvenes.

(Edición en la colección Crisol de Ed. Aguilar)
En 1987 se conoció que se iba a publicar un nuevo libro de Celia. Existía un borrador guardado en EEUU por la nuera de Elena Fortún, escrito a lápiz en un montón de cuartillas. Estaba fechado en 1943 y era la visión de Celia de los años de la guerra civil, vividos en primera persona.

No parece necesario explicar los deseos de tener ese libro en mis manos en cuanto saliera a la venta. Lo encargué en la librería Fuentetaja en donde ya tenían un montón de pedidos.

Lo recogí una tarde y mentalmente agradecí a Marisol Dorao el haber hecho posible que se hubiera editado esta nueva aventura de mi querida Celia. "Celia en la revolución".



Aquella noche la pasé leyendo. Reí, me emocioné y lloré muchísimo. Días más tarde volví a leer despacio y disfruté de un texto escrito con el corazón en la mano. Al leerlo, toda la vida de Celia se recolocaba. El raro vacío que los lectores habíamos notado entre "Celia madrecita" y "Celia se casa"y la difícil ubicación de "Celia institutriz..." encajaba como un puzzle  acabado.

También está muy claro cuánto de Eusebio Gorbea tiene el personaje del padre de Celia, en estos últimos títulos. "Celia se casa" a mi siempre me pareció una historia un poco forzada por los tiempos que corrían. No podía pasarle nada mejor a una señorita de la época.

El libro que he recibido hoy es una reimpresión de aquel de 1987. Con un prólogo muy interesante de Andrés Trapiello.


En la contraportada se comenta cómo aquella primera edición desapareció de las librerías como por arte de magia y solamente  de segunda mano se encuentra algún ejemplar, a precio exagerado para ser un libro reciente. No me extraña. Yo coloqué el mio junto a los demás títulos de la colección y todos saben que esos libros que parecen cuentos son de la abuela Ana.

Me ha sorprendido gratamente que se haya hecho esta reimpresión de "Celia en la revolución". Es una novela sobre los años de la guerra civil en la que no hay nada más (y nada menos), que las vivencias de una jovencita madrileña en medio de una revolución. Fechado el final del borrador de la novela el 13 de julio de 1943, los hechos que Elena Fortún contaba eran muy recientes y están escritos como del tirón. Carmen Martín Gaite opinaba que esta novela era también un desahogo de su autora. Pues bueno. Tenía derecho a escribir lo que sentía y a contar lo que había vivido en primera persona.

En los próximos días se va a presentar en Madrid y me parece estupendo que personas que conocen bien la obra de Elena Fortún, reivindiquen su figura de buena escritora y mujer poco convencional.

Para este Día del libro 2016 os animo a conocer a Celia, una chica madrileña que no os defraudará.
Abuela Ana

Elena Fortún. Celia en la revolución, Prólogo de Andrés Trapiello. Biblioteca Elena Fortún. Editorial Renacimiento 1ª Reimpresión, Sevilla, marzo de 2016
  

sábado, 5 de octubre de 2013

De El círculo de Lectoras a La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

Al volver de vacaciones de verano mi amiga Maruja me recomendó algunos de los libros que había leído y, como me fío mucho de su criterio, en cuanto que puse la casa en marcha y preparé el sillón de lectura de otoño (aunque la climatología se haya resistido casi un mes), he pasado unas tardes deliciosas leyendo una de las novelas recomendadas.

De Mary Ann Shaffer, su autora no conocía nada, pero el título me hizo gracia, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, empecé a leerla y me enganchó desde las primeras páginas.

Es una novela epistolar, como la Pepita Jiménez de Juan Valera, que nos hacían estudiar en el bachillerato. Eso de entrada puede no gustar, pero lo cierto es que a las pocas páginas te olvidas y las cartas están tan bien enlazadas que la historia fluye y solo sigues el "diálogo" entre los diversos protagonistas.


La historia, empieza en Londres en 1946, cuando una escritora, Julieth Ashton, que ha estado escribiendo una columna en un periódico londinense durante la segunda guerra mundial, recibe una carta de un desconocido que ha encontrado su dirección anotada en un libro de segunda mano, que al parecer le perteneció. El remitente desea saber si le puede dar más información sobre el autor, y le cuenta que pertenece a una sociedad literaria surgida durante la ocupación alemana en una de las islas del Canal de la Mancha.


Julieth, que está buscando nuevos temas para su columna periodística decide conocer a los habitantes de la isla y a los integrantes de esa curiosa Sociedad literaria.... Al principio a través de correspondencia y poco a poco viviendo sus costumbres, historias recientes, historias pasadas y el carpe diem, al que hace referencia varias veces a lo largo de la novela. Al final  decide que su próxima novela sea sobre la creadora de la Sociedad literaria ......

Confieso mi total ignorancia sobre la existencia de las islas de el Canal, lo que significaron para los alemanes durante la guerra mundial y también para sus habitantes durante los años de ocupación. Espero tener ocasión de conocer algo más.

La novela me ha encantado porque, como siempre que algo me gusta, he encontrado muchas cosas que me recordaban vivencias propias. Nuestro grupo de lectura de los jueves, al que los camareros del hotel donde nos reuníamos llamaban El círculo de lectoras, tenía mucho de La sociedad literaria.... Poníamos en común la lectura de un libro pero, cada tarde también poníamos en común nuestros problemas, nuestras alegrías, las vivencias de cada una...

Va a ser difícil que nos podamos reunir de nuevo algo más que una tarde de vez en cuando, porque han sido muchos años y el grupo cada vez se ha ido haciendo más pequeño, pero también va a ser muy difícil que olvidemos todo lo que esas reuniones nos han aportado. Lo que hemos aprendido, lo que nos hemos reído y también lo que en algunas ocasiones hemos llorado.

Nuestra sociedad no hacía pastel de piel de patata, pero a veces nos montábamos unos "picnics" extras celebrando cumpleaños, santos, bodas de hijos o lecturas gloriosas que eran una auténtica gozada. Recuerdo aquellos mojitos después de haber leído Muerte de un murciano en La Habana, de Teresa Dovalpage; o las infusiones con chorrito de auténtica Cachaça traída desde Sao Paulo en nuestra puesta en común de Doña Flor y sus dos maridos, de Jorge Amado. Y qué contar de las tardes en que Paloma aportaba a la merienda unos canapés de Lhardy, auténtico lujo, que nos podíamos permitir por sus lazos familiares con el famoso restaurante.

Espero que nadie se enfade por poner aquí una de las fotografías a las que más cariño tengo. Nuestra joven y guapa profe la puso hace años en facebook y tuvo algún comentario sobre la edad media de sus amigas. Ella les contestó que estaba rodeada de auténticas señoras. Muchas gracias Koro por la parte que me corresponde.
Es un cariñoso homenaje a la amistad. Y a unas chicas muy listas.


(Fue una tarde dedicada a Cortázar)

Al igual que a los habitantes de Guernsey les quedó el gusanillo por la lectura a nosotras también y, aunque no nos veamos a menudo, nos seguimos recomendando libros a través del correo. Estos correos no son tan bonitos como las cartas que traía el cartero con su sobre cerrado, sus sellos y sus matasellos pero hay que reconocer que son muchísimo más rápidos.

Os recomiendo también un paseo por el Paseo de Recoletos, está la Feria del libro de ocasión y ¿Quién sabe?, a lo mejor compráis un libro de segunda mano con una dirección anotada en su interior y podéis vivir una historia preciosa como la contada por Mary Ann Shafer y su sobrina Annie Barrows.

Abuela Ana

domingo, 7 de abril de 2013

El Principito. Feliz 70 aniversario

Esta semana El Principito y yo hemos cumplido los mismos años.


No tenía ni idea y al final lo hemos celebrado el mismo día. Realmente mi cumpleaños fué el día uno, pero mi fiesta sorpresa me la hicieron ayer, cuando en todos los medios se hablaba del 70 cumpleaños del pequeño habitante del asteroide B612.

Yo no había leído la novela de Antoine de Saint- Exupéry hasta hace tres o cuatro años, cuándo la comentamos en nuestro taller de lectura de los jueves. Siempre hubo algún ejemplar en casa, porque era lectura casi obligada de mis hijos y lo cierto es que no se me ocurrió nunca hojearla en profundidad.

Hoy os recomiendo a los que no la hayáis leído que lo hagáis. No es un libro solo para niños, sino un libro lleno de metáforas y de pensamientos bellísimos que a los mayores nos hacen recordar los mejores años de nuestra vida.



Cuando seáis abuelos os daréis cuenta de lo profundas que pueden llegar a ser las preguntas que os hacen vuestros nietos.

Las ilustraciones, dibujos originales del autor, también son parte importante del disfrute de la lectura.





En cuántos libros de auto ayuda, tan de moda en estos días, no habrán reproducido una y otra vez muchas de las frases del pequeño príncipe.


Esta, por ejemplo, a mi me parece muy sensata.

Estoy segura de que no os estoy haciendo ningún descubrimiento al hablaros de este libro pero me ha hecho ilusión que seamos coetáneos y que celebremos juntos un cumpleaños redondo.

¡FELIZ ANIVERSARIO!
Abuela Ana

viernes, 12 de octubre de 2012

El placer de releer un libro

Hace algún tiempo comenté que mis reuniones literarias de los jueves se habían suspendido, así que a partir de ese momento he ido escogiendo los títulos que me apetecía leer, sin tener en cuenta si al final de la lectura había que comentarla en grupo.

Últimamente he leído un poco de todo y me he dado cuenta de que lo que más me apetece en estos momentos es recuperar algunos títulos que me gustaron mucho y que, por la prisa de acabar a tiempo, no pude disfrutar del todo.

Entre los títulos que quiero recuperar hay clásicos como Quevedo, con el que pasamos tardes inolvidables leyendo algunas de sus Obras festivas (Pragmática que han de guardar las hermanas comunes, Genealogía del modorro,  El libro de todas las cosas y otras muchas más...).



Con una novela de Jorge Amado, Doña Flor y sus dos maridos, tuvimos unas tardes de subidón erótico-culinario- festivo que culminó con unas tisanas bautizadas con auténtico Cachaza, traído directamente de Porto Alegre para la ocasión. (¡Gracias Fran!)


También atrevernos a leer Rayuela de Cortázar, Cien años de soledad de García Márquez, Bomarzo de Mujica Laínez, como libros del mes para ponerlos en común, fue estupendo pero, como decía antes, con las prisas yo siento que de todos ellos me he perdido algo.

Leímos muchas cosas de Benedetti, algunas de Saramago y de Carlos Fuentes y, cuando se fueron,  nos dejaron la asignatura pendiente de seguir leyendo algo más.

También hay una novela reciente, de las últimas que leímos, que dejé en lista de espera para una segunda lectura, es Los enamoramientos de Javier Marías.


Hace un par de domingos vi un telefilm en la televisión que me hizo pensar mucho en las lecturas a lo largo de la vida. Era el viaje de un profesor de literatura, alemán, que emprende el Camino de Santiago llevando como lectura para el viaje La Odisea de Homero. Aparte de la trama de la película me encantaron las reflexiones que hacía sobre el libro que siempre llevaba en la mano.

Yo no tengo un libro especial, me encanta volver a muchos. Son los que puedo empezar a leer por cualquier página porque ya se cómo terminan y de qué tratan y no tengo ninguna prisa por acabarlos. Son de los que recuerdo frases, situaciones, descripciones... que me hacen sonreir cuando las vuelvo a vivir.

Así que este otoño-invierno voy a dedicar parte de mi tiempo libre a sentarme en mi sofá de Ikea, comodísimo, (recuerdo el sillón Voltaire del Martín Romaña de Bryce Echenique), y disfrutar de la relectura de mis autores favoritos.



Por cierto, hoy es 12 de octubre: felicidades a mis Pilares que aunque no son muchas si son muy queridas.
Nos encontramos en el sofá de leer
Abuela Ana