martes, 15 de mayo de 2012

A la Romería de San Isidro con Francisco de Goya

El día 15 de mayo se celebra la fiesta de San Isidro Labrador, Patrón de la ciudad de Madrid y nombrado por el Papa Juan XXIII,  Patrón de los agricultores y campesinos españoles por la Bula "Agri culturam", dada en Roma el l6 de noviembre de 1960.

La fiesta del santo labrador, tiene una larga tradición  popular entre los madrileños y ha sido distinta la celebración según las épocas. No se parece mucho la de los años en que Goya la pintó en sus cartones, con la reflejada, en la época romántica, en las zarzuelas y obras de teatro. Ni las celebraciones actuales con notable presencia de políticos en todos los actos
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Hoy quiero invitaros a pasar el día en la Pradera de San Isidro siguiendo los pasos a Francisco de Goya. ¿Qué os parece el plan?.

Goya, vecino de Madrid, vivía cerca de la Pradera de San Isidro
Empezaremos por unirnos a los madrileños que a pie o, en carruajes engalanados para la ocasión, cruzan el Puente de Toledo camino de la Ermita del Santo. En el centro del puente ya podemos "saludar" a nuestro patrón que vigila desde su hornacina barroca los campos de la orilla del rio que él cultivó.

San Isidro
Una vez cruzado el puente, obra monumental que en su día fue considerado mucho puente para tan poco rio, comenzaremos a subir hacia la Ermita. Allí, desde muy de mañana, aparte de hacer ofrendas al Santo, beberemos agua de la fuente (¿milagrosa?) para reponernos del paseo y  podemos sentarnos a la sombra de los árboles con la familia o los amigos que nos acompañen.
El puente de Toledo
Desde nuestro  punto de observación podemos ver a los majos y majas, con sus trajes típicos, inmortalizados por nuestro pintor y que por eso todos  los conocemos como trajes goyescos. A esta romería suelen venir también los aristócratas, vestidos como la gente del pueblo para disfrutar de la fiesta.

La Ermita de San Isidro

Aquí estaremos escuchando música, dedicados a juegos más o menos infantiles y haciendo tiempo para la hora del almuerzo.


La gallina ciega

Cuando llegue el mediodía y el sol empiece a picar, nos iremos a buscar un lugar cómodo en el declive de la pradera que baja hasta el rio Manzanares, para colocar nuestra manta en el suelo y sacar la cesta de las viandas, las bebidas frescas, en bota o en botijo y disfrutaremos del almuerzo teniendo enfrente ese perfil de la ciudad que recorre la cornisa del Palacio Real, la Iglesia de San Francisco, el Seminario y los jardines de Las Vistillas y que es tan bonito que,  nunca, nunca debemos dejar que se rompa con nuevas edificaciones.


La pradera de San Isidro

Después de comer, quizá  lo que más nos apetezca sea tumbarnos sobre la hierba fresca de la pradera a sestear, luego más tarde habrá baile, quizá algún grupo de amigos se atreva con el baile de "el candil", títeres, música, paseos de enamorados hasta la orilla del rio. Quizá aún nos queden ganas de jugar como niños.

El pelele
 Así irá oscureciendo y, quiero pensar que, a Don Francisco de Goya no le importaría que terminásemos el día con un espectáculo pirotécnico desde el Campo de El Moro.



Ya, un poco cansados, regresaremos a casa después de un bonito día de fiesta popular.

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Esta Romería,  yo también tengo la suerte de hacerla todos los años solamente con asomarme a las ventanas de mi casa. Desde hace casi cuarenta años que vivo en ella, todos los 15 de mayo ( y durante una semana entera) disfruto del sonido de las atracciones de la verbena, las tómbolas... el perrito piloto, el olor a churros, el  ir y venir de gente por las calles que acaban en el Puente de Toledo y,  hasta que se hicieron las obras de la Calle 30 y los jardines de Madrid Rio, tenía los merenderos, chiringuitos y conciertos casi en la puerta de mi casa.

Así que este año he querido cruzar el túnel del tiempo y hacerme la ilusión de que acompañaba a nuestro genial vecino pintor, para ver la fiesta de San Isidro a través de sus cuadros. Además así a lo mejor os animáis a visitarlo una vez más en el Museo del Prado, en San Antonio de la Florida o allá donde haya una exposición de sus obras.

Felices fiestas a todos
Abuela Ana

viernes, 11 de mayo de 2012

Las rosquillas de la Tia Javiera. Rosquillas del Santo

Ya tenemos en todas las pastelerías de Madrid a nuestra disposición las riquísimas rosquillas típicas de las fiestas de San Isidro.

Preparadas en bandejas, nos ofrecen la posibilidad de comprar las de las tres modalidades más conocidas y, en algunos establecimientos, también la menos extendida: la francesa.    


Surtido de rosquillas
 Como a mi me ha costado cierto tiempo aclararme con cuál es cuál, os voy a contar lo que he averigüado sobre este dulce, rico y típico de mi pueblo.

No nos vamos a engañar, rosquillas se hacen en todas partes. Creo que desde los romanos pero en esto voy sólo de oído. Seguro que hay tantas teorías como redondelitos de masa.

Cuando yo era muy pequeña, en la verbena de San Isidro y en algunas panaderías había  puestos de venta de rosquillas con el llamativo anuncio de que eran ROSQUILLAS DE LA TIA JAVIERA, esta denominación de origen tenía su importancia porque era garantía de buena calidad.

Al parecer la Tia Javiera era una vendedora, para algunos cronistas oriunda de Villarejo de Salvanés y para otros de Fuenlabrada, que recorría la Pradera de San Isidro el día de la romería, ofreciendo "ristras" de rosquillas ensartadas en cuerda de bramante. Llevaba de las tres clases: las tontas, las listas y las de Santa Clara.

 Las rosquillas se hacen todas con la misma masa  a base de harina, huevos, aceite, azúcar, y aguardiente  o canela para reforzar el sabor. Se amasan y se cuecen en horno de panadería.


Rosquillas tontas

La diferencia está en el recubrimiento final. Las tontas sólo las pintaba con huevo batido; las listas eran las que estaban bañadas en un sirope hecho con azúcar, zumo de limón y huevo batido que les daba el color amarillo al secar (por dentro están como emborrachadas) y, por último, las de Santa Clara que están bañadas (dos veces) en merengue de clara de huevo y azúcar que al secar las recubre de una pasta blanca y dura.

Rosquillas listas

Podéis imaginar la cantidad de puestos con el cartel de "rosquillas de la Tia Javiera" que fueron apareciendo, tantos que hasta coplillas se hicieron en la época:

"Pronto no habrá, ¡miré usted! en Madrid duque ni hortera
que con la tía Javiera, emparentado no esté"


Rosquillas de Santa Clara

Así que, con muy buen sentido, pasaron a conocerse solamente como ROSQUILLAS DEL SANTO.

Listas, tontas, francesas y de Santa Clara
Menos típicas, pero no menos ricas, son las llamadas francesas que están recubiertas de un baño de almendra picada y azúcar.

Ahora ya solo queda darse un paseo hasta la pastelería y poner en la mesa las que más nos gusten para disfrutar de un dulce rico rico y muy madrileño.
Mis favoritas;  la francesa me gusta menos.

¡Me olvidaba de un detalle!. Como son horneadas, tienen menos calorías que las rosquillas normales que se frien en abundante aceite.

Ya me contaréis...
Abuela Ana

domingo, 6 de mayo de 2012

Primer domingo de mayo. Mi madre

Desde hace bastantes años el primer domingo de mayo se celebra el Día de la madre. Cuando yo era niña este día se celebraba el día de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre. Creo que el cambio de fecha se hizo para desvincular esta celebración de las fiestas religiosas.

Hoy quiero escribir sobre mi madre. Para vosotros, mis chicos, una de vuestras bisabuelas. Creo que tenéis que conocer lo más posible de vuestra familia porque es importante saber cuales son nuestras raices.

Mi madre se llamaba Maria José y nació muy al principio del siglo XX, en 1903. Cuando yo nací ella tenía 40 años, y otra hija que ese día cumplía los 10. Yo siempre la vi con el cabello blanco porque nunca quiso teñirse y siempre tuve la sensación de que mi madre era "muy mayor" en comparación con las madres de mis compañeras de clase.
María José era la cuarta de cinco hermanos, cuatro chicas y un chico. Por su especial habilidad con la aguja y el hilo, desde muy niña estuvo dedicada a bordar, en el convento de las Hermanas de la Caridad de su pueblo, Bailén, donde se confeccionaban los ajuares de las hijas casaderas de los terratenientes de la zona. Creo que en algún momento incluso pensó en quedarse en el convento como novicia, pero la vocación no debió ser muy profunda y prefirió mantener catorce años de noviazgo de los de "hola y adiós" con su primer novio, que fue mi padre. Se casaron en 1931.


(La fotografía no tiene fecha, pero lleva una dedicatoria: "a mi apreciable Paco", luego aún estaba soltera)
 En 1940, el matrimonio con una niña de 7 años dejó su tierra, su trabajo y su familia y buscó una vida nueva en la capital, en Madrid. Aquí nací yo tres años más tarde.

Mi madre fue una mujer que desde el primer momento tuvo claro que sus hijas tenían que estudiar y tener una buena formación, hasta donde fueran capaces de llegar. También tuvo claro que ocuparían un puesto en el mundo laboral.

En mis recuerdos de estudiante está mi madre siempre a mi lado. Unas veces guardando todos mis cuentos y tebeos en un cajón, durante el curso, para evitar distracciones. (Con mi consiguiente enfado). Otras echándome una mano en las interminables labores de las asignaturas de Formación del Hogar, aunque me ayudaba a aprender a hacerlas para cuando me hiciera falta y, siempre siempre, sentada cerca de mi en las horas de deberes y estudio, dedicada a sus cosas pero pendiente de que yo aprovechara bien el tiempo.

Quizá por los tiempos que le tocaron vivir, mi madre no era una mujer especialmente alegre. Como muchas mujeres en la postguerra fue muchos años vestida de luto y se acostumbró a no usar colores vivos en su ropa. No le gustaba mucho salir y excepto a la iglesia, los domingos, que nos llevaba ella,  mis paseos y visitas a parques, verbenas, etc. siempre fueron en compañía de mi padre.

Sí fue una madre a tiempo completo. Ella siempre estaba allí cuando la necesité. Era capaz de pasar una noche entera terminando de coser un vestido para que pudiera estrenarlo o terminando de tejer una chaqueta para el Domingo de Ramos. Le gustaba que sus hijas siempre estuvieran bien guapas.

Me enseñó a dar, me enseñó a respetar, me enseñó a valorar las pequeñas cosas que me rodeaban. También me enseñó a que lo que se consigue con esfuerzo es mucho más gratificante.

Según me fuí haciendo mayor claro que tuve desencuentros con ella, pero siempre encontrábamos algún camino para salir del problema. Eran años en los que las normas había que cumplirlas, sobre todo las chicas, y los horarios y las salidas y la ropa que te ponías y la gente con la que te juntabas... Todo se miraba con lupa y a veces era un pelín asfixiante.

Por supuesto que hay miles de cosas más que podría contaros de la bisabuela María José, pero estos son los recuerdos de cuando yo tenía  más o menos la edad que tenéis la mayoría de vosotros ahora.

En este primer domingo de mayo, GRACIAS MADRE,  por enseñarme el camino de la vida.
Abuela Ana

lunes, 23 de abril de 2012

Día del Libro

Como todos los años, hoy empezará la lectura de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha en muchos lugares del mundo, para celebrar el Día del Libro y recordar a Miguel de Cervantes

¿Quién no recuerda la primera frase, del capítulo I de la novela?: "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor".....

Esta es una costumbre bonita y yo, creo que casi todos los años que puedo recordar, he procurado al menos "recitar" esta primera frase o leer algún capítulo de los que más me gustan. Nunca me he animado a ir a hacerlo en público.

Sin embargo, si tengo un recuerdo muy vivo de mi infancia, de mi primer colegio, una "escuela unitaria" o sea un aula compartida por niñas de diferentes edades desde los seis hasta los catorce años, de la que se iban marchando las alumnas que empezaban el bachillerato a los diez.

Pues bien, en mi clase de Doña Teresa, uno de los libros de lectura era El Quijote, en versión para niños, así que esa lectura compartida que tenías que seguir con toda atención o te mandaban al último lugar de la fila si te equivocabas o te perdías, la hacíamos casi a diario y cuando se acababa el libro, volvíamos a empezar.



Así que hoy, además de contar a mis nietos otra historia de mi niñez, he pensado que voy a romper la tradición y voy a invitar a la lectura de otros dos libros, que cuento entre mis novelas favoritas.



La Regenta, de Leopoldo Alas "Clarín", se publicó en 1884 y comenzaríamos la lectura ....


"La heroica ciudad dormía la siesta. El viento sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el norte".... "Vetusta, la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo, hacía la digestión del cocido y de la olla podrida, y descansaba oyendo entre sueños el monótono y familiar zumbido de la campana de coro, que retumbaba allá en lo alto de la esbelta torre en la Santa Basílica"......


(Homenaje de la ciudad de Oviedo (Vetusta) al personaje de La Regenta), (Fot. Guada)


Otra novela a la que os invito a disfrutar de su lectura es Fortunata y Jacinta (Dos historias de casadas) de Benito Pérez Galdós, publicada en cuatro tomos entre enero y junio de 1887.


..."Juanito no pecaba de corto, y al ver a la chica y observar lo linda que era y lo bien calzada que estaba, diéronle ganas de tomarse confianzas con ella.
¿Vive aquí - le preguntó- el señor de Estupiñá?
¿Don Plácido?.. En lo más último de arriba -contestó la joven, dando algunos pasos hacia fuera.
Y Juanito pensó: "Tu sales para que te vea el pie, buena bota.." Pensando esto advirtió que la muchacha sacaba del mantón una mano con mitón encarnado y que se la llevaba a la boca. La confianza se desbordaba del pecho del joven Santa Cruz, y no pudo por menos de decir:
-¿Qué come usted, criatura?
-¿No lo ve usted? -replicó mostrándoselo-. Un huevo.
-¡Un huevo crudo!...."(Parte 1: 3,4)



..."Jacinta no se convencía. Quería canarios de alcoba a todo trance, aunque salieran raquíticos y feos; aunque luego fueran traviesos, enfermos y calaveras; aunque de hombres la mataran a disgustos. Sus dos hermanas mayores parían todos los años, como su madre. Y ella nada, ni esperanzas. Para mayor contrasentido, Candelaria que estaba casada con un pobre, había tenido dos de un vientre. ¡Y ella, que era rica,  no tenía ni siquiera medio!...Dios estaba ya chocho sin duda"... (Parte 1: 6,1)


Si alguien se anima, seguro que lo va a pasar muy bien. Vale la pena adentrarse en Vetusta, con Ana Ozores o callejear por el Madrid de los Austrias, con Fortunata o con Jacinta

Feliz día del libro
Abuela Ana

miércoles, 11 de abril de 2012

Ahora lo veo más claro

Hoy quiero poner aquí fotografías de cosas con muchos colores.

Hace unos días me han hecho una operación de cataratas (la primera) y he recuperado los colores que nos rodean y la nitidez de las imágenes. Aunque recuperaré más, después de la segunda intervención, ya estoy muy contenta con los resultados.


Tengo que reconocer que me daba un poquito de miedo, pero todas las personas conocidas que habían pasado por esto me decían que me iba a alegrar enseguida y así ha sido.

Aún no puedo sentarme a leer intensamente porque sigo poniéndome gotas y no estoy cómoda, pero esto pasará en unos días.

Ahora puedo verlo todo claro y también con "la pátina del tiempo" a la vez. Es cuestión de alternar el ojo con el que miro. O sea es como lo de las dos Giocondas, una clara y luminosa y la otra como a través de un velo.



Bueno hoy estoy aquí para que no os olvidéis de mi. También para animar a quien esté pensando si operarse o no, a que lo haga. Es fantástico volver a casa, mirar por la ventana y descubrir que esa luz verde que veías por la noche en las casas de enfrente es en realidad un letrero que pone H. HOLIDAY INN. ¡Qué cosas!

También quiero dar las gracias al Dr. Marasescu, de la F. Jiménez Díaz, que me transmitió tranquilidad durante la intervención y está siguiendo mi postoperatorio.

Hasta pronto
Abuela Ana

jueves, 5 de abril de 2012

El lector de Julio Verne. Episodios de una guerra interminable

Acabo de terminar de leer la segunda entrega de Almudena Grandes de sus Episodios de una guerra interminable, El lector de Julio Verne.

El año pasado disfruté muchísimo con la lectura de Inés y la alegría, primera entrega de estos "episodios nacionales" que nos va a ir dosificando Almudena Grandes, hasta completar seis títulos. Es una novela que me hizo reir, me emocionó, me hizo tener curiosidad por conocer más la realidad de la posguerra española , y sobre todo, me confirmó una vez más lo bien que sabe contar historias la autora.


El lector de Julio Verne está protagonizada por un niño de nueve años, Nino, hijo de un guardia civil, destinado en la sierra sur de la provincia de Jaén, al que todos en el pueblo llaman "el canijo" porque es bajito para su edad.

Almudena Grandes nos cuenta esta historia a través de los ojos y, sobre todo, de los oídos de este niño que en su vivienda de la casa cuartel escucha, a través de los finos tabiques, lo que hablan sus padres en la cocina en voz baja y también, los gritos y golpes en las noches de redada e interrogatorios en el cuartel.

En el pueblo muchas familias tienen a alguno de sus miembros en el monte, huyendo de las represalias de los vencedores de la guerra e integrados en lo que se llamó la guerrilla o el maquis, y cuando se escuchan tiros en la sierra, por la noche hay jaleo en el cuartel.

Los pueblos que aparecen en la novela existen en el mapa y los personajes, con sus apodos o motes, están perfectamente integrados en el paisaje.

Basada en la historia, real, de la detención y muerte de dos guerrilleros famosos en la zona, llamados Cencerro y Crispín, el desarrollo de la novela va creciendo junto a los sentimientos confusos de Nino sobre lo que está pasando a su alrededor y, sobre todo, en el ambiente de la casa cuartel en la que viven todos los guardias con sus familias.

La presencia de un personaje clave en la vida del pequeño Nino "el canijo", es un campesino, llamado Pepe el Portugués, molinero en un cortijo de la sierra, con el que el niño entabla una curiosa amistad que le hará crecer, moral y físicamente,  y le enseñará a mirar con ojos distintos a sus vecinos del cuartel y a lo que pasa en el pueblo.

No voy a seguir escribiendo más sobre El lector de Julio Verne, vale la pena ir descubriendo página a página la novela, pero a lo que no quiero renunciar es a contar lo que ha significado para mi esta lectura.

Mis padres eran de la provincia de Jaén y aunque en mi infancia había cosas de las que no se hablaba,  yo he procurado enterarme de las historias de mi familia y estos días con Nino he recordado a mi padre y mis tios hablando, con medias palabras, de un primo que había estado en la sierra..., de un vecino que se había ido a vivir a Francia..., de la mujer de fulano, que se quedó con cuatro criaturas y hubo que arrimar el hombro... ¡Hay tantas historias por contar!.

Luego he tenido una extraña sensación al pensar que el l7 de julio de 1947, el día clave en la novela, yo estaba con mi madre y mi hermana pasando las fiestas de su pueblo, Bailén, (el 19 de julio fue la batalla contra los franceses), en casa de mi abuela Ana, "Madreanica" como la llamábamos todos. Yo tenía 4 años y estaba allí, cerquita, a no muchos km. de Fuensanta de Martos.

-Almudena Grandes- haz el favor de no hacernos esperar mucho con las siguientes entregas de tus Episodios de una guerra interminable. ¿Para cuándo las bodas de Manolita?.

Bueno pues eso, todo está en los libros y hay que leer para aprender y para recordar.
Abuela Ana

domingo, 1 de abril de 2012

Semana Santa. Para mis nietos

Hoy empieza la Semana Santa. Es Domingo de Ramos y me apetece mucho contaros a vosotros como era la que yo vivía cuando tenía más o menos vuestra edad, allá por los años 50 del siglo pasado.

Si, una batallita de la abuela, pero he pensado que si os cuento cosas aquí en el blog quizá os interesen más que si lo hago alrededor de la mesa de la merienda.

El día que más me gustaba era el Domingo de Ramos porque, según la tradición "el que no estrena no tiene manos" y a mi siempre me hacía o me compraba algo mi madre. Una chaqueta de punto, tejida deprisa y corriendo, un vestido nuevo o en el peor de los casos unos calcetines bonitos. Lo importante era estrenar algo.

Después, por la mañana temprano, mi padre iba a buscar unas ramas de olivo, de las que traían en camiones para repartir y vender por todas las iglesias de Madrid y nos preparaba un atado bonito a mi hermana y a mi para llevar a la bendición de los ramos, en la misa dominical. Luego esos ramos se conservaban en la casa hasta que poco a poco las hojas se secaban y solo quedaba la rama pelada. A veces íbamos a ver la procesión de la entrada de Jesús en Jerusalén, en la que las autoridades llevaban enormes palmas traídas de Elche para la ocasión.


La procesión de las palmas

Luego empezaba una semana que a mi me parecía de lo más triste y aburrida. La programación de la radio cambiaba totalmente y dejaban de emitir música que no fuera religiosa o la llamada música clásica. Había un programa, sobre todo, que a mi no me gustaba nada, lo hacía un sacerdote, el Padre Venancio Marcos casi siempre, y se llamaba Las siete palabras. Más de una bronca me llevaba yo por empezar a charlar o canturrear mientras mi madre y mi hermana lo escuchaban.

Tampoco podía ir al cine, bueno si podía, pero las películas eran igualmente especiales para la ocasión. Vidas de santos, La canción de Bernardette, El beso de judas.... Aún faltaban unos años para que empezaran a llegar las grandes películas "de romanos" en tecnicolor.



Jennifer Jones, en el papel de Bernardette

 Los días más importantes eran el Jueves y el Viernes. Esos días mi madre hacía comida especial, de vigilia ( no se podía comer carne, ni embutidos), aunque realmente sólo era obligatorio el viernes, y preparaba algunas cosas muy ricas: bacalao con tomate, habas encebolladas, ensaladilla rusa, boquerones en vinagre.. y de postre las torrijas. Era una comida que podía estar preparada antes y así las mujeres podían ir a los Oficios religiosos sin prisa por volver a la cocina. Mi madre era andaluza y creo que de allí venía esa costumbre.

Las mujeres mayores y muchas jóvenes se vestían de negro, con peineta alta y mantilla, para recorrer siete iglesias distintas y rezar las oraciones de la liturgia de esos días. Era muy bonito ver el ir y venir de las señoras, todas muy guapas y a veces en grupos de amigas o acompañadas por algún caballero también muy arreglado. A los niños se nos dejaba un poco a nuestro aire pero sin molestar, aunque teníamos la obligación de seguir la liturgia, sobre todo después de haber hecho la Primera Comunión.

Con un poco de suerte, a la puerta de alguna de las iglesias visitadas, nos compraban una tira de estampas, doblada como una acordeón, de las imágenes de la Pasión de Jesús o ya el colmo de la suerte era que nos compraran una carraca o matraca, para tocar al paso de las procesiones.

(Volteando el mango hace un ruído sordo y seco muy característico)
 Mi padre solía llevarme a ver alguna procesión de las que salían por la tarde y a mi, aunque me gustaba ir, me producía un poco de repelús el paso de los penitentes, con sus túnicas y sus capirotes altos y sobre todo no me gustaba nada cuando veía que alguno llevaba los pies descalzos y cadenas atadas en los pies para cumplir alguna promesa hecha al Cristo de Medinaceli, por ejemplo, que era el paso que más penitentes llevaba siempre detrás. También recuerdo un año que, en la Puerta del Sol, la policía armada  a caballo terminó tirando al suelo a gente que se agolpaba para ver la procesión. Mi padre me sacó de allí medio en brazos y nos fuimos a casa.



Luego llegaba el Sábado de Gloria (ahora es el Domingo de Resurrección) y todo cambiaba: en los cines de la Gran Vía estrenaban las nuevas películas, los Teatros volvían con todo su espectáculo y era como si una ciudad que había estado una semana en blanco y negro, recobrara todos los colores de una vez.

Y ahora me preguntaréis ¿y qué tenía de especial tu Semana Santa? ¿ahora no es igual?.

Pues la diferencia fundamental es que cuando yo era como vosotros todo era, ¿como os diría ?, pues obligatorio. Es lo que había que hacer y no había muchas opciones distintas. Se imponía la programación en la radio, se limitaban las películas que podían proyectar los cines, las obras de teatro que se podían representar, la música que se podía escuchar, se controlaban los horarios de todo tipo de espectáculos y se cerraban totalmente el jueves y el viernes los comercios.

Ahora puedes pasar una semana de vacaciones escogiendo lo que prefieras hacer. Si quieres vivir intensamente la Semana Santa pues vas a la iglesia, a las procesiones a ver las maravillosas imágenes de los pasos que tenemos en cualquier lugar de España. Y si te apetece disfrutar del mar o la montaña o viajar a lugares divertidos o simplemente descansar en el campo, pues lo haces también tranquilamente.

Felices vacaciones chicos y no os olvidéis de repasar las cosas de clase y sobre todo de que hoy, que es el 1 de abril, es el cumpleaños de vuestra
Abuela Ana