lunes, 10 de noviembre de 2014

Abrir un armario

Aprovechando que tenía un largo fin de semana por delante, el viernes decidí dedicarlo a ordenar armarios.

El tiempo climatológico raro que hemos disfrutado últimamente, había dejado mi ropa de verano mezclada con la de invierno y viceversa, así que ya he conseguido poner un poco de orden en mis armarios. Y digo mis porque realmente puedo permitirme el lujo, al vivir sola, de tener uno para cada periodo estacional.

Hasta aquí pura rutina. Pero el sábado, al hilo de las noticias, recordé que yo tenía en casa un genuíno pedacito del Muro de Berlín. Me hacía ilusión tenerlo en la mano tantos años después y quizá hacer una fotografía y enseñársela a mis amigos. Pero buscarlo ¿dónde? Lo recordaba junto a unos pedacitos de mármol de esos que, las malas lenguas dicen que tiran alrededor de El Partenón, para que se los lleven los turistas de recuerdo.

Después de muchos años sigo sin "meter mano" a los armarios bajos de un mueble librería en donde están guardadas muchas cosas del abuelo Juan. Así que me dije: hoy es el día, duro con el.

Y abrí los armarios y se me cayó encima media vida. Mis nietos preguntarían ¿qué es todo esto, abuela?

- Cajas llenas de carretes de fotografías en blanco y negro, revelados en casa.
- Sobres y cajas de fotografías, de hace más de cincuenta años.
- Diapositivas, ya en color.
- Películas de Super8
- Herramientas para montar las películas.
- Un proyector de Super8
- Un tomavistas

Carpetas con apuntes, recuerdos de viajes, postales.
Una caja llena de cacharritos de cerámica de medio mundo, que íbamos guardando a medida que faltaba sitio para los libros en las estanterías.

Una bolsa llena de discos de vinilo de 45 RPM con lo mejor de los años 60 y 70  y cintas de vídeo Beta y VHS y mil cosas más.
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Por un instante pensé que no lo iba a resistir. Por supuesto el dichoso pedacito del Muro de Berlín no apareció. Ya aparecerá cuando no lo busque. Suele pasar.

Me quedé en estado de shock y cuando reaccioné, después de un par de horas, caí en la cuenta de que después de dieciocho años yo no había terminado de pasar eso que llaman el duelo. Esos armarios cerrados guardando "sus cosas" eran mi forma de no dejarle ir.

Cómo la idea de seguir fomentando sus aficiones, sus manualidades y hasta una idea peregrina que me asaltó al principio, de seguir con alguno de sus proyectos de investigación, como si yo hubiera estado preparada para ello. Yo sólo tenía montañas de fichas, libros y documentación a las que he ido dando salida poco a poco. No son buenos tiempos para la investigación histórica contemporánea.

El problema de los libros, que en un principio fueron como una losa para mi, lo he ido solucionando con el tiempo. A mis compañeras del Círculo de Lectoras se lo he contado a veces. Pasé de limpiarles el polvo mecánicamente a mirar de qué iban y a disfrutar con la lectura de muchos de ellos. Yo siempre había leído mucho pero aquellos eran sus libros.

No va a ser fácil hacer míos todos los espacios de la casa, pero creo que va a ser un sano ejercicio mental. Las cosas no deben aprisionar a las personas y si hay que cambiarlas de sitio o darles aire pues me armaré de valor y lo haré.

Así que cuidadín cuando decidáis arreglar armarios. Nunca sabe uno lo que va a salir de esos muebles.

Hacía mucho tiempo que no pasaba por aquí. Me había olvidado de lo bien que me sentaban estos desahogos.
Hasta pronto.
Abuela Ana



Pd. Como no encontré mi trocito , aquí os dejo una foto, tomada de Google, de los tres trozos del Muro que hay en el Parque de Berlín, cerca de mi querido barrio de Prosperidad.

miércoles, 9 de abril de 2014

Más sobre Las tres bodas de Manolita. Tres libros con un verso en el título.

Cuando escribí la entrada anterior, minutos después de haber terminado de leer la novela de Almudena Grandes, creo que hablé más de mis propios recuerdos que del libro.

No me gusta contar el argumento de mis lecturas aquí en el blog porque, a veces, a mi me ha pasado que buscando información sobre algún libro me han chafado totalmente la historia.

Pero me siento en deuda con los personajes, con esos hombres y mujeres que forman la historia coral que es Las tres bodas de Manolita.

En el último capítulo, la autora incluye un censo muy bien ligado a los capítulos anteriores. Hay de todo, lo mejor y lo peor de cada casa.

Si la acción de la novela transcurre en "tiempos muy... muy revueltos", los personajes son unos supervivientes.

En el taller de literatura al que asistía hasta hace poco, la profesora nos decía al poner un libro en común que ¿cómo se lo contarías a un marciano que pasara por aquí?. Si le tengo que contar al marciano Las tres bodas de Manolita le diría que forma parte de un importante grupo de novelas que se han escrito en los últimos años para refrescar eso que se ha dado en llamar "Memoria histórica".

Hace años, mis compañeras y yo leímos varias novelas en un espacio corto: El  corazón helado de Almudena Grandes, Mala gente que camina de Benjamín Prado, El vano ayer de Isaac Rosa, curiosamente con título las tres que recordaban versos de Antonio Machado. De aquellas lecturas y las charlas posteriores, al menos a mí me entraron unas ganas enormes de saber. Mi generación y alguna más de las posteriores, sólo conocíamos una parte de la historia.

(Las dos Españas)

(Sobre los niños desaparecidos en la posguerra)



(Sucesos más recientes)
Los episodios de una guerra interminable, los tres publicados hasta ahora, aparte de proporcionarme ratos estupendos disfrutando de su lectura, me han descubierto cosas de las que no tenía ni idea y que estaban pasando, algunas, muy cerca de mí en el tiempo y en el lugar.

En los personajes de Las tres bodas de Manolita hay desánimo, afán de vivir, solidaridad, humor (hasta en los momentos trágicos), mezquindad, generosidad, traición, maldad ... y mucho amor. Muchísimo más amor del que el cura de Porlier hubiera podido imaginar cuando se lucraba firmando certificados de matrimonio falsos para los presos.

No quiero contar más cosas pero, no me resisto a recordar del capítulo de Cuelgamuros la conversación a dos bandas entre el cuento de La lechera y Robinson Crusoe. Es estupendo, me parece genial esa contraposición entre el fatalismo de uno y el razonamiento positivo del otro. Manolita no puede entender como van a construir una casa encima de un risco, en medio de un monte rodeado de nada y sin medios y Silverio le dice que es porque no ha leído Robinson Crusoe.

Manolita piensa: el cántaro de leche se me cae y se rompe y ya no hay huevos, ni pollos, ni gallinas, ni granja ni "ná de ná". Silverio: ve crecer el grano de trigo, la espiga, más espigas, la harina y el pan.
Al final el hombre, con ayuda de otros buenos hombres y "mucha maña" consigue hacer encima del risco la casa de Robinson, el nido de amor de una pareja que se ha casado tres veces, sin ser verdad ninguna. Con sus flores, su porche y su ascensor para subir las cosas pesadas.

Una gozada de lectura.
Espero que disfrutéis tanto como yo leyendo la novela
Abuela Ana

domingo, 6 de abril de 2014

Un fin de semana para recordar. Las tres bodas de Manolita.

Este fin de semana, ayer sábado, he terminado de leer Las tres bodas de Manolita, tercera entrega de Almudena Grandes de sus Episodios de una guerra interminable.

Me ha gustado mucho, igual que las dos anteriores: Inés y la alegría y El lector de Julio Verne y, además, esta novela la he disfrutado mucho más porque a los protagonistas los he reconocido como habitantes del barrio en que nací: Chamberí; del barrio que recorría a pié al salir del instituto Beatriz Galindo, cuando me fui a vivir a Prosperidad y de mi barrio actual: Arganzuela.



 

En Las tres bodas de Manolita hay varias novelas en una. Cualquiera de sus personajes principales, sus vidas, sus penas y sus - pocas- alegrías, dan para una historia completa.

No voy a contaros aquí el argumento del que se ha hablado los últimos días en todos los medios de comunicación.

A través de la historia real que Almudena incluye en varios capítulos me he enterado de cosas y he llenado alguna laguna que mis recuerdos de muy pequeña tenían.

Por la calle Santa Engracia, en la que yo nací, solían pasar allá por los años 47 ó 48 (del siglo pasado) grupos de hombres y niños -varones- que ingresaban en un edificio del número 11 de la calle, que todos conocíamos como El Patronato de Enfermos. Recuerdo haber preguntado a mi padre por su aspecto sucio y mal vestido y él me decía que eran presos liberados o familias desplazadas y cuando me parecía raro que no hubiera niñas ni mujeres entre ellos, mi padre contestaba que a ellas las enviaban a un albergue para mujeres.

Esas conversaciones con mi padre las solía cortar mi madre de raíz diciéndole que no me contara esas historias.
Cárcel de Porlier en Conde de Peñalver con Padilla (hoy renovado Colegio Calasancio)

En la novela de Almudena he encontrado muchas respuestas.

Cuando en  1970, le dije a mis padres que nos habíamos comprado un piso en el Paseo de Yeserías y que estábamos felices porque era un sitio que nos gustaba mucho, mi madre saltó enfadada y me dijo que si no había pisos en otro sitio de Madrid nada más que en Yeserías. Yo no entendía nada y sólo le contesté que eran del Ministerio de Educación y que como era una cooperativa nos salían más baratos.

Antigua cárcel de mujeres de Yeserías,(frente al Matadero del Paseo de la Chopera), hoy Centro de Inserción Social Victoria Kent 

También a este episodio le he encontrado explicación.  A mi madre no le parecía un barrio adecuado para su hija. (¡!)

La novela la he leído con "avaricia", menos mal que tengo la costumbre de releer pasado algún tiempo y vuelvo a disfrutar los libros tanto o más que la primera vez. Pero según iba avanzando me daba pena terminarla, ya estoy esperando al doctor García, próxima entrega de los Episodios.

Pienso que estas historias son el fruto de muchas horas de documentación, de largas conversaciones con la gente que aún tiene el recuerdo vivo de esos años y sobre todo que  la forma directa, sencilla y sincera con la que la autora las pone sobre el papel es lo que te engancha hasta llegar a la última página.

En mi infancia, a los niños no se nos decían las cosas claras. Había frases hechas:" hay ropa tendida", "hay moros en la costa"..., cuándo entrábamos en la habitación y entonces los mayores se callaban y cambiaban de conversación.

Creo que el conocer la verdad de todo lo que pasa a su alrededor es una manera de educar a los niños. Y en la escuela tienen que aprender la Historia de España desde Atapuerca, hasta el mes pasado. Hay que fomentar que tengan curiosidad. Y hay muchas formas para hacerlo.

No digo que la manera de conocer la historia de la posguerra sea leer las novelas de Almudena Grandes -que también-, sino que me cuesta escuchar a jóvenes de veinte años hablar de Adolfo Suárez como si estuvieran hablando de los reyes godos, por poner un ejemplo cercano.

Este sábado también he sentido una extraña sensación de bucle en el tiempo cuando me he sentado un rato a ver la televisión. Haciendo zapping me he encontrado a la vez una película de Joselito, unos niños salidos de un concurso de talentos infantiles de la canción, invitados en un programa de gran audiencia y la película Carmen la de Ronda de Sara Montiel. Y he pensado ¿en qué siglo estoy?

Ha sido un fin de semana para recordar.

Os recomiendo leer Las tres bodas de Manolita. Y a vosotros, mis chicos, ya sabéis que estoy dispuesta a contaros las batallitas de la
Abuela Ana

domingo, 9 de febrero de 2014

El Cine

Poner a esta entrada como título El Cine, es, como poco, un atrevimiento.

Hoy quiero recordar lo que me gustaba ir al cine, sentarme en la butaca, esperar a que las luces se apagaran y, durante una hora y media o dos, vivir junto a los actores aventuras, amores, suspense o lo que tocara esa tarde.

Durante mi infancia y mi adolescencia igual que se lo he oído contar a muchísimas personas de mi generación, el Cine fue una de las mayores fuentes de conocimiento para unos niños con pocos medios a su alcance. La otra fuente fundamental fue la lectura, empezando con los tebeos y enlazando con las novelas de aventuras y la literatura clásica infantil y juvenil.

Ir al cine del barrio una vez a la semana era lo habitual cuando yo era jovencita. Íbamos varias amigas, o con hermanos mayores y más tarde, cuando tenías novio, se escogían más las películas y si la economía del novio lo permitía, a veces salíamos del barrio para ir a un cine de estreno.

Más tarde, casada y con varios hijos y con la televisión en casa, las tardes de cine disminuyeron drásticamente pero el Cine siguió formando parte de esos ansiados ratos de descanso, ahora en el salón de casa, junto a mi marido y mis niños (si la peli no tenía rombos).

Ahora  que vivo sola sigo disfrutando de las buenas películas, actuales o del archivo cinematográfico.. A una sala de cine hace mucho que no voy. Ya no quedan casi cines en el barrio... Me he acostumbrado al silencio de mi salón y a sentarme en las noches de invierno en pijama y bata frente al televisor y luego, con las últimas imágenes irme a dormir, a veces para soñar y otras para recordar.


(Los ojos azules de Peter O´Toole nos enamoraron a varias generaciones de mujeres, aunque a veces acabáramos cansadas de tanto desierto)

¿Por qué escribo hoy precisamente estas cosas? Pues porque esta noche se celebra la Gran gala del cine español, la entrega de los Premios Goya a los merecedores, dentro de la industria del Cine.

Esta noche los actores, directores, productores, músicos, decoradores, fotógrafos, etc. etc. recogerán sus premios y dirán palabras de agradecimiento, también harán peticiones y reivindicaciones a favor de su trabajo. Algunos serán amables otros, cáusticos pero, todos tienen, tenemos, derecho a decir lo que pensamos aunque a alguien le molesten las palabras.

El ministro responsable del ramo -me encanta haber escrito esta frase- no podrá asistir a la Gala de los Premios Goya, por problemas de agenda. !¡. A mi cuando me citan para el oftalmólogo tres meses antes, lo apunto y ya para ese día no me comprometo a otra cosa. No se exactamente con cuanta antelación se fija la fecha de la entrega de premios pero intuyo que con bastante.

Así que esta noche me temo que los comentarios sobre su departamento le van a llegar "en diferido" al señor ministro, pero esta vez a mi me va a gustar escucharlos y no voy a pensar que alguno de los premiados se está pasando un pelín.

Reconozco que hay películas españolas que no me gustan y no me sentaré a verlas en el sofá de mi salón ni en otra parte pero, por lo que el CINE así con mayúsculas, me ha dado a lo largo de mi vida sentía la necesidad de escribir hoy en este blog, que tengo un poquito abandonado, algo sobre lo que va a celebrarse esta noche.

También quiero recordar a todos los actores y actrices que me miraron a los ojos desde la pantalla durante muchos años y que formaron parte de mis sueños, que nos han dejado en los últimos meses.
Algunos eran muy mayores otros no, pero y es la magia del Cine, siempre los recordaremos como en sus años de gloria.







En Ivanhoe, a mi me gustaba más Joan Fontaine pero a los chicos les volvía locos Liz Taylor.

Y mi película favorita de Joan Fontaine es Carta de una desconocida.







Podría seguir subiendo fotos pero esta noche cuando en la gala recuerden a los que nos han dejado me va a dar rabia no haber recordado a alguno de mis actores más queridos así que del cine español voy a recordar aquí a Amparo Rivelles, que no fue de mis favoritas en las películas de su juventud (quizá porque sólo pude ver las históricas, un poco de cartón piedra) pero que me conquistó en la madurez con papeles en series para la televisión como el de la madre de don Fermín de Pas en La Regenta ó en su papel en Los gozos y las sombras, junto al también desaparecido Carlos Larrañaga, su hermano.




Gracias a todos los que esta noche celebran su gran fiesta, por su trabajo, por ayudar a muchas personas a soñar o simplemente a vivir.

Chicos, no sabéis lo que la abuela Ana disfrutaba  de niña en una sesión doble del cine María Cristina  que estaba en la calle Manuel Silvela o un poco más mayor en el López de Hoyos o en el Covadonga, que estaban en mi nuevo barrio de Prosperidad.

Cine, Cine, Cine.... más buen Cine por favor......

Saludos
Abuela Ana

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El bebé abrigadito. Más labores de otoño.

Mi entrada de hoy sí es para abuelas. También para futuras mamás y para quien disfrute tejiendo pequeñas prendas para bebé.

Estas labores tan pequeñas son muy entretenidas, en el sentido de pasarlo bien tejiéndolas y en el de precisar mucho cuidado para rematarlas de forma bonita.

El próximo mes de enero voy a ser de nuevo abuela, de mi séptimo nieto, será un niño y sus papás han pensado para él un bonito nombre: Elías.

Para el coche de salir de paseo le he tejido una manta de lana de 80 x 80 cm. para abrigarle dentro del saco del cochecito. Si sale tan callejero como su hermana mayor, va a tener por delante varios meses de mucho frío.




He usado 200gr. de lana Katia/Tirol en color gris , agujas del 5,5 y empecé la labor con 140 p. Para hacer el dibujo he tejido punto bobo, punto jersey derecho y un calado simple. Por la calidad de la lana ha quedado ligera y esponjosa.

La ropita del niño la he hecho con unas madejas de lana muy fina, especiales para bebés. Compré una de cada color: gris, blanco, beige claro y marfil. He seguido los modelos de una revista, para las medidas de recién nacido o primera edad, y el resultado han sido tres chaquetitas y dos gorros.


(Punto jersey derecho y elástico 1/1. Se cierra por delante con 4 botones de nácar blancos)


(Punto bobo, remates en punto cangrejo en el cuello y cinco botones planos en la espalda. El gorro con adornos en gris le sirve también a la chaqueta de arriba) 

Para la presentación en sociedad del peque, he pensado este modelito más elegante en color marfil con adornos en beige claro. El gorro es igual que el blanco y gris. La chaqueta también se abrocha por delante con cuatro botones de nácar beige.




No es mi intención añadir un nuevo blog de labores pero tenéis que perdonar a una abuela ilusionada que quiere presumir un poco de sus "obras". También puedo aseguraros que son modelos exclusivos. Me inspiro en las revistas pero al final llevan mi sello personal.

Espero que el peque se sienta cómodo y calentito con la ropa que le he tejido poniendo todo mi amor en cada una de las vueltas. Según vaya creciendo le haré cositas nuevas.

Y, como yo digo: manos ocupadas cabecita despierta.
Abuela Ana

viernes, 29 de noviembre de 2013

Noviembre, dichoso mes... Recibiendo al frío. Bufandas calentitas

Si me descuido un poco se me acaba el mes de noviembre. Estas últimas semanas se me han pasado volando.

Lo cierto es que he hecho muchas cosas. He leído, he disfrutado de mis nietos, he quedado con amigas (menos de lo que hubiera podido, pero me he vuelto perezosa), he hecho labores nuevas para ese pequeñín que está en camino y que será mi séptimo nieto y, con la llegada del frío, he aprovechado para hacer dos regalos de santo y cumpleaños a Diego y Marta.

Les he tejido unas bufandas de lana, suaves y calentitas para que se acuerden de su abuela cuando salen temprano para ir a clase. Así están abrigados y guapísimos. ¡Qué voy a decir yo! Tenéis que creerme porque solo me dejaron fotografiar la bufanda.


La lana que he utilizado es de la calidad Azteca, de Katia y, como siempre, la he comprado en Lanas Sixto de la calle Atocha, 9 de Madrid. (No me dan comisión por la publicidad, pero siempre están dispuestos a ayudarme y a aconsejarme bien)
He usado dos ovillos de 100 gr. cada uno y la he tejido con agujas del nº 6.




La de Marta tiene 39 puntos tejidos a elástico 1/1 y mide más o menos 1,70 m de largo total. Estupenda medida para darse tres vueltas si hace mucho frío. Está cerrada, uniendo los puntos de la última vuelta (sin cerrarlos) uno a uno, con los de la vuelta del comienzo de la labor, con una puntada sencilla.


Para Diego escogí de la misma lana, unos ovillos como de cine en blanco y negro, que una vez tejidos quedan muy originales.



Está tejida igual que la de Marta pero tiene 41 puntos de ancho, así que al final mide 1,60 m




Está cerrada igual que la otra y haciéndolo con cuidado es difícil encontrar la costura.
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No quería terminar el mes de noviembre sin recordar el refrán que siempre decía mi madre: Dichoso mes que empieza con Los Santos y acaba con San Andrés. Muchas felicidades a algún Andrés al que quiero mucho.

Sigo con las labores y ya os contaré qué tal me quedan.
Abuela Ana.

sábado, 5 de octubre de 2013

De El círculo de Lectoras a La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

Al volver de vacaciones de verano mi amiga Maruja me recomendó algunos de los libros que había leído y, como me fío mucho de su criterio, en cuanto que puse la casa en marcha y preparé el sillón de lectura de otoño (aunque la climatología se haya resistido casi un mes), he pasado unas tardes deliciosas leyendo una de las novelas recomendadas.

De Mary Ann Shaffer, su autora no conocía nada, pero el título me hizo gracia, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, empecé a leerla y me enganchó desde las primeras páginas.

Es una novela epistolar, como la Pepita Jiménez de Juan Valera, que nos hacían estudiar en el bachillerato. Eso de entrada puede no gustar, pero lo cierto es que a las pocas páginas te olvidas y las cartas están tan bien enlazadas que la historia fluye y solo sigues el "diálogo" entre los diversos protagonistas.


La historia, empieza en Londres en 1946, cuando una escritora, Julieth Ashton, que ha estado escribiendo una columna en un periódico londinense durante la segunda guerra mundial, recibe una carta de un desconocido que ha encontrado su dirección anotada en un libro de segunda mano, que al parecer le perteneció. El remitente desea saber si le puede dar más información sobre el autor, y le cuenta que pertenece a una sociedad literaria surgida durante la ocupación alemana en una de las islas del Canal de la Mancha.


Julieth, que está buscando nuevos temas para su columna periodística decide conocer a los habitantes de la isla y a los integrantes de esa curiosa Sociedad literaria.... Al principio a través de correspondencia y poco a poco viviendo sus costumbres, historias recientes, historias pasadas y el carpe diem, al que hace referencia varias veces a lo largo de la novela. Al final  decide que su próxima novela sea sobre la creadora de la Sociedad literaria ......

Confieso mi total ignorancia sobre la existencia de las islas de el Canal, lo que significaron para los alemanes durante la guerra mundial y también para sus habitantes durante los años de ocupación. Espero tener ocasión de conocer algo más.

La novela me ha encantado porque, como siempre que algo me gusta, he encontrado muchas cosas que me recordaban vivencias propias. Nuestro grupo de lectura de los jueves, al que los camareros del hotel donde nos reuníamos llamaban El círculo de lectoras, tenía mucho de La sociedad literaria.... Poníamos en común la lectura de un libro pero, cada tarde también poníamos en común nuestros problemas, nuestras alegrías, las vivencias de cada una...

Va a ser difícil que nos podamos reunir de nuevo algo más que una tarde de vez en cuando, porque han sido muchos años y el grupo cada vez se ha ido haciendo más pequeño, pero también va a ser muy difícil que olvidemos todo lo que esas reuniones nos han aportado. Lo que hemos aprendido, lo que nos hemos reído y también lo que en algunas ocasiones hemos llorado.

Nuestra sociedad no hacía pastel de piel de patata, pero a veces nos montábamos unos "picnics" extras celebrando cumpleaños, santos, bodas de hijos o lecturas gloriosas que eran una auténtica gozada. Recuerdo aquellos mojitos después de haber leído Muerte de un murciano en La Habana, de Teresa Dovalpage; o las infusiones con chorrito de auténtica Cachaça traída desde Sao Paulo en nuestra puesta en común de Doña Flor y sus dos maridos, de Jorge Amado. Y qué contar de las tardes en que Paloma aportaba a la merienda unos canapés de Lhardy, auténtico lujo, que nos podíamos permitir por sus lazos familiares con el famoso restaurante.

Espero que nadie se enfade por poner aquí una de las fotografías a las que más cariño tengo. Nuestra joven y guapa profe la puso hace años en facebook y tuvo algún comentario sobre la edad media de sus amigas. Ella les contestó que estaba rodeada de auténticas señoras. Muchas gracias Koro por la parte que me corresponde.
Es un cariñoso homenaje a la amistad. Y a unas chicas muy listas.


(Fue una tarde dedicada a Cortázar)

Al igual que a los habitantes de Guernsey les quedó el gusanillo por la lectura a nosotras también y, aunque no nos veamos a menudo, nos seguimos recomendando libros a través del correo. Estos correos no son tan bonitos como las cartas que traía el cartero con su sobre cerrado, sus sellos y sus matasellos pero hay que reconocer que son muchísimo más rápidos.

Os recomiendo también un paseo por el Paseo de Recoletos, está la Feria del libro de ocasión y ¿Quién sabe?, a lo mejor compráis un libro de segunda mano con una dirección anotada en su interior y podéis vivir una historia preciosa como la contada por Mary Ann Shafer y su sobrina Annie Barrows.

Abuela Ana